Mí querida España

Mí querida España:

Hoy he perdido un poco del amor que siento por ti; acabo de enterrar 7 cachorros bajo un olivo en mi finca. Dichos cachorros no eran míos: ¡eran tuyos!

Anoche, unos invitados que habían cenado a casa llegaron a su casa y nos llamaron para decir que habían encontrado los restos mortales de 7 cachorros de mastín español tirados en la cuneta. Nuestra amiga bajó del coche hecha un mar de lagrimas y comprobó cada uno de ellos buscando señales de vida, pero ¡era demasiado tarde! ¡Ya estaban muertos! A continuación tuvo que explicar a sus niños de 4 y 5 años qué hacia y porqué lloraba. Yo daba vueltas y más vueltas al tema poniéndome cada vez más nervioso y más cabreado pensando que cada día tendría que pasar por delante de los 7 cachorritos muertos e ir comprobando cómo se descomponían y pudrían. Por la mañana sabia que tenía que recogerlos y traerlos a casa. Ya no podía salvarlos la vida, pero, como mínimo podía hacer lo correcto y humano.

Hablando con agricultores y granjeros españoles de la zona me han dicho con mediana claridad: “Si no quieres al perro, lo tiras al lago y fin de problema! También he hablado con españoles quienes me han dicho que no quieren emascular los perros dado que la castración les inquieta emocionalmente. ¿Y la madre que parió a los cachorros que acabo de enterrar? Ella los había limpiado, había comenzado a estrechar lazos con ellos y, muy probablemente, había comenzado a amamantarlos antes de verlos arrebatados, asesinados y tirados por la ventanilla como una colilla. ¿Esa madre no se estresa? Para que, acabo de 6 meses o un año, esa madre tendrá que volver a pasar por el mismo trauma otra vez. Y así sucesivamente  a menos que, claro, no se haya muerto de inanición o bajo las ruedas de una coche.

España, sé que hay un problema de conceptos en este tema. Conozco mucha gente, mayoritariamente no española, que trabaja incansablemente para acoger y dar cobijo a perros y gatos callejeros o recogiéndolos de las perreras dándoles un hogar permanente. ¡Pero, España, nos hace falta tu ayuda! Tienes que hacer frente a la situación y aceptar tu parte de la culpa. Tiene que haber más conciencia pública sobre la castración. Es una operación sencilla y rápida y, de hecho, hace que los perros machos sean más tranquilos y menos propensos a la fuga y los perros castrados no sufren traumas por el procedimiento.

Ya sé que tiene que haber acceso a servicios de veterinaria más asequibles en la zonas rurales donde los perros corren sueltos, muchas veces sin alimentación, y pudiendo engendrar libremente con cualquier perro que se le cruce por el camino.

Muchas veces observamos cachorros en el campo, pero, cosa misteriosa, suele haber no más de 2 o, máximo, 3. ¿Qué pasa con los otros? ¡Yo ya sé qué pasa con los otros! Los tiran para ser comidos por otros perros o son ahogados en un cubo. Lo sé porqué más de uno me ha explicado. A la madre le permiten quedarse uno o dos para prevenir la mastitis, pero los otros sobran. Cuando estos cachorros se hacen grandes, ¿qué les pasa? Los llevan al campo lejos, los tiran del coche, muchas veces en marcha, y están (los dejan) abandonados a su suerte. Mientras se aleja el coche a todo gas, quedan petrificados, desconcertados y preguntándose qué han hecho para merecer esto. Alternativamente pasa toda su vida, 24 horas al día, atado a una cadena. Con un poco de suerte alguien le tirará un trozo de pan duro un día a la semana. A cambio de esta vida, nunca mejor dicho, de perros tienen que guardar la casa.

Tengo amigos que han criado dos cachorros de mastín que tuvieron que rescatar, pues la propietaria sólo quería uno e iba a matar los otros. Acogieron los dos cachorros y los tuvieron que criar a mano, ante la negativa de la propietaria a dejarlos un tiempo amamantado con su madre. ¿Sabes quien era esa persona? ¡Era la veterinaria del pueblo!

La última cosa que me pasa por la cabeza es insinuar que todos los españoles son igualmente desalmados, conocemos muchos amantes de los animales en nuestro mismo pueblo y en otros, pero con demasiada frecuencia se repite una y otra vez este ciclo de crueldad, recreando la costumbre de generación en generación. Ya es ahora de gritar: “¿No, esto NO es aceptable!” Casi todos las familias que conozco tienen muchos perros callejeros acogidos, y yo mismo no puedo dar cobijo a más.

En Estambul, hay comederos mecánicos para los perros callejeros y muchos otros países tienen un servicio de “recoger y soltar” para los callejeros en el cual se recogen los perros (o gatos) son esterilizados por un veterinario, y se vuelven a soltar en las calles, pero ya no pueden engendrar más animales abandonados. Debe plantearse la posibilidad de promulgar un servicio de este tipo en España.

Atentamente, Alan

Os pido disculpas por las fotos tan explícitas y violentas, pero creo que vale la pena difundir la crudeza de lo que tuve que ocuparme esta mañana. Me horroriza pensar cómo pudieron pasar su últimos suspiros.

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Translated by Brian Maclean

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